Mientras hay muchos que andan esperando recibir "energías cósmicas" o mensajes esóterícos por la peculiaridad numerologica de esta fecha 11-11-11 otros preferimos detenernos un momento para recordar a Sebastián Acevedo Becerra, obrero del carbón que en 1983 y en ese otro Chile que esperamos haber dejado definitivamente atrás se inmoló ante las puertas de la Catedral católica de Concepción para exigir la libertad de sus hijos Galo y María Candelaria detenidos por la CNI, como siempre, entre las sombras de la noche y sin noticia alguna de sus paraderos.
Tras su muerte un grupo de personas que protestaba contra la tortura que practicaba la CNI decidió poner como nombre a su movimiento Sebastián Acevedo. Este grupo estaba coordinado por el jesuita Pepe Aldunate nació así el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, que realizaba una protesta pacífica en las calles. Tuvieron 180 salidas a la calle en siete años. Sin ofender, sin armas, simplemente proclamando o denunciando la tortura.
Es difícil opinar respecto de las causas que llevan a un hombre a tomar la decisión de quitarse la vida, hay quienes creen que eso le cierra definitivamente las puertas del cielo, el Señor en el que yo creo y al que sirvo, proclamó que “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13).
Gonzalo Rojas el laureado poeta nacional escribió:
Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.
Sólo veo ahí llamear a Acevedo
por nosotros con decisión de varón, estricto
y justiciero, pino y
adobe, alumbrando el vuelo
de los desaparecidos a todo lo
aullante de la costa: sólo veo al inmolado.
Sólo veo la bandera alba de su camisa
arder hasta enrojecer las cuatro puntas
de la plaza, sólo a los tilos por
su ánima veo llorar un
nitrógeno áspero pidiendo a gritos al
cielo el rehallazgo de un toqui
que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.
Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar
al muerto: curandero
de nuestras heridas desde Arauco
a hoy, casi inmóvil en
su letargo ronco y
sagrado como el rehue, acarrear
las mutilaciones del remolino
de arena y sangre con cadáveres al
fondo, vaticinar
la resurrección: sólo veo al inmolado.
Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado.
Finalmente les dejo un video con el homenaje que le hiciese Cristina González.

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